lunes, 28 de diciembre de 2020

2 poemas de Flavia Calise (Buenos Aires, 13 de enero,1992)

 Más

se derrite una flor

en la boca de un país

¿hoy pudiste salir?

no me alcanza

la pastilla el vaso

el gotero arriba de la lengua

no me alcanza más

un hombre una mujer

no me alcanza más

alguien más

no sé qué pilas lleva

mi cuerpo



De fuego

un hombre en una moto

me apunta con un arma de fuego

grita que le dé todo lo que tengo

entonces caigo debajo de la superficie

que hay en algunos sueños

qué tengo yo para darle

siempre viene alguien

a hacer esa pregunta

estoy cambiando de piel

ahora es un cuerpo muerto

mi cáscara en el suelo

dice el noticiero que en Caballito

arrojaron a un hombre

desde un auto movimiento

pero siempre caminamos hacia afuera

desapareciendo en la distancia

pero siempre caminamos hacia adentro

y caemos en distintos lados

pero sigue el movimiento

no sé si debo plantar paredes

entre nosotros

para que no digas

lo que pueda herirme

no sé plantar paredes

entre nosotros

por favor no sigas arrojándome

hacia el movimiento

lunes, 21 de diciembre de 2020

2 poemas de Melisa Papillo (Buenos Aires, 1984)

Unos desconocidos le hablan a mi hijo en la playa.

Se agachan, le sonríen. La capelina que traen
se va a volar si siguen distraídos.
Él, lleno de arena hecho
milanesa
convencido de descubrirles
el mundo, señala el mar
y les dice seriamente:
esto es agua.
No es poco tener
claridad, sencillez,
lenguaje sin vueltas de cordón.
La pareja se ríe y camina
hacia la orilla.
Cuando logran el fondo perfecto
sacan una selfie para no perder
de vista nunca lo que les acaban de revelar.






Dejo flotar por la casa las piedras que traigo.

Una con forma de barco
que antes fue corazón del Quilpo
ahora es mi pie en su orilla
la tarde de un febrero.
Lamento, piedra, haberte sacado de tu agua en movimiento
pero necesito lo poroso y compacto como recuerdo:
ese día fui una chica
a la que le picó una abeja el pie,
río abajo con una piedra pesada en su mochila caminó
renga y feliz.

lunes, 14 de diciembre de 2020

2 poemas de Horacio Maez (Buenos Aires 1969)

 Del libro Pequeños rastros que se alejan, que se editará en 2021 por Kintsugi Editora

Fuimos a ver a otros del oficio

y encontramos a Fabio que nos cuenta
de esos charangos que son hermanitos,
los dos, hechos del mismo tronco y miramos
el abeto que muestra sus vetas anchas
como si el tiempo en él hubiese sido
un lento transcurrir profundo y manso.

Tocalo insiste, entonces comienza el rasgueo
que ofrece un timbre claro como clara
está la tarde soleada de domingo
que nos hace olvidar ayer, mañana
para dejarnos mansos, retraídos.




Son mínimas variaciones de un tono

que se agregan, contándonos
del pequeño fuego que da cobijo.
¿Lo escuchás?, me dice Celina,
son mínimas, de una profundidad intensa
que cierran el movimiento
y lo hacen, como lo hacen las anémonas
para proteger el polen de la lluvia,
simplemente se cierran. ¿Lo escuchás?
son mínimos movimientos del cuidado.

lunes, 7 de diciembre de 2020

2 poemas de Claudia Bragoni

 Cáliz

el mediodía llegaba  
con platos a la mesa
como pétalos de una flor
desarmada

todo decía
que éramos
solo eso
si no fuera
por tus manos
trayendo aquí
llevando allá
                                entre tanto
                                reposadas
                                en cada hombro
repartiendo la comida
igual de cerca mío
que de todos

Foto por: Gustavo Gottfried



La Srta. Tabuki Mori        

le cruza la frente
la lustrosa
ala de un cuervo

y por debajo
antes de los ojos
otras dos 
volando se le abren
hasta las sienes

mascarones de proa
sus ojos avanzan
cruzando 
el mar

un punto en el centro
de perla blanca
la nariz

y la boca
entreabierta
colgando abajo
roja y pequeña

arma
todas las palabras

lunes, 30 de noviembre de 2020

2 poemas de Julieta Paoloni (Córdoba Capital, 12 de agosto de 1994)

 Este año editó su primer libro de poesía, "Como el agua cuando corre", junto a Hexágono Editoras.

AIRE


II

-respirar es lo único que tenés que hacer-
transformar la materia vital en sonido
sin participar de esa transformación
tenés que ser
sólo un canal abierto
lleno de espacio
por donde entra y sale el aire

escucho entiendo pero no puedo evitar
que el fondo interior de mi boca
arme minuciosas estrategias
basadas en minuciosas tensiones

llevo en cuello y hombros
palabras exclamaciones
formas del amor
que dicen que para todo
hay que hacer cosas
hay que hacer cosas
hay que hacer

pero resulta que para cantar
tengo que desarmar
el molde el hombro el cuello
las ganas de tener
las cosas bajo control
de otra forma nada
tiene forma
de canción



III

Sé cómo ir por el mundo
sin hacer ruido
y también sé
que hay revoluciones
que parecen de aire
pero el aire
es lo que está antes
de todas
las cosas.




lunes, 23 de noviembre de 2020

2 poemas de Luis Bacigalupo (Buenos Aires, 1958)

 COMO LAGARTOS


Un día llegó el invierno y nos halló al sol
al amparo de un médano calentándonos
adormecidos por la música que el viento
venía a traernos de alguna lejanía.

Como quien permaneciendo en un sitio
toda una vida sin enterarse o, mejor,
sin vida permanece en un sitio del cual 
ya no habrá de enterarse jamás, 
estábamos solos, allí.

Mañana nunca habría de llegar 
ni mañana ni nunca
ni en nuestros pensamientos dispuestos
de modo perpendicular a nuestros cuerpos y
dispuestos, también, a ocuparse de nada. 

En tanto sigamos quietos no habrá de llegar 
un solo recuerdo a estas orillas que nos vieron nacer 
ni bajar a la playa un resto de infancia, una voz, 
un juego, un atisbo de conciencia de otra realidad. 
Todo

cuanto podía haber a nuestro alrededor
-arena, mar, cielo-, nos pasaba por alto 
igual que esas nubes a las que no prestamos 
la menor atención. Sin embargo

nos complacía por el hecho de haber estado allí 
desde siempre, tanto el aire que respirábamos como
el que abominábamos.

Sin saberlo, debimos de haber abandonado
todo por nada
y cuando el sol se ocultó a nuestra vista
el adiós de los tontos se hizo inevitable.

Pensábamos 
en eso casualmente cuando tendidos al sol 
sopesamos temerosos las consecuencias 
que pudiera acarrearnos proyectar nuestros días
al amparo de un médano en un tiempo 
sin retorno.
Pensábamos en eso con la frecuencia cansina
de las olas, esas que embisten contra 
una rompiente imaginaria y, sin poder evitarlo,
en la cúspide aun de nuestra tristeza, de nuestra
dulce y triste felicidad pensábamos, también,
desde dónde habríamos de precipitarnos
al vacío de un sueño sin fin. Y así,

al cabo de que las formas se sumieran 
en sus sombras y las sombras en sus formas
nosotros hicimos lo propio, aunque volvíamos,
no obstante, a empezar, adormecidos en la arena, 
calentándonos al sol, como lagartos,
en alguna lejanía.






HUMEDADES DICENTES


Nada que nos permitamos decir
o significar en un rapto de escritura intensa 
supone algo del orden de la revelación 
amar
una emergencia o el sentido acabado 
de un propósito 
morir
en tanto entidad sujeta a una lectura 
a una interpretación acerca del poder
autoridad más o menos competente 
intemperancia del verbo 
y sus usos
anhelo, perplejidad, a menudo 

paño que absorbe humedades dicentes 
de la lengua, disidencias solo 
a menudo, porque de vez en cuando también
la excepción se constituye en regla
y lo dicho es arrojado a una distancia razonable
de todo azoramiento. Entonces,

el frío que te conocí, que supe de vos 
aquel frío ingrato no es
este diamante que hoy se apaga.

viernes, 20 de noviembre de 2020

2 poemas de Stella Maris Ponce (Concordia, Entre Ríos)

Del libro La Voz. Poemas del Caleidoscopio. Ediciones en Danza (2019)

Máquinas

después del despegue sin carreteo
el tambor metálico del lavarropas
comienza a girar y revuelve la ropa sucia
que la espuma disimula en nubes de color

ya la máquina en pleno vuelo
el ruido de a bordo es permanente
y se intensifica hacia el final
con el centrifugado. Como si se tratara
de un alunizaje hay que bajar
a un mundo blanco por el círculo de vidrio
sacar la ropa limpia y extenderla
en algún lugar mirando al cosmos

curiosa la ventana
por donde todo entra se procesa y sale
curiosa la nave
diríase un vientre con las vísceras en movimiento
o quizá el cerebro procesando recuerdos

¿será por eso que veo planeando suavemente en la cuerda
con ropa tendida, un imperceptible cordón umbilical
entre cuyos extremos el pasado y el presente
exponen sus huellas como trapos al sol?






Del libro Spirituals. Ediciones del Dock (2015)

Cantos de la inocencia

siempre era así

madre me lavaba el pelo

y yo le pedía un rodete alto, alto

lleno de espuma blanca

que a veces caía por el cuello hasta la espalda

como un manto de novia

 

después corría al espejo

para mirar esas formas de nubes

las copas de los árboles

con sus nidos y sus pájaros

las alas y los picos

el ramillete de flores de jazmín

 

todas las pequeñas cosas que estaban en mí

saludándome ya desde entonces

entre los bordes biselados

y mi voz nombrándolas

escribiéndolas en el aire

en ese canto que aún permanece.